La flor de cactus y la conquista de la paz 

CINTILLO en linea con stella (4)

Stella Lugo

Quiero referir mi nota de esta semana a dos temas que, aunque de naturaleza diferente, conmueven a cada hombre o mujer cuya sensibilidad los/las condujo a la lucha por la Justicia Social y la Paz de nuestra región: el primero de ellos la dolorosa noticia recibida el lunes 19 donde se nos informaba el cambio de paisaje de una precursora de las luchas por la reivindicación de género, la lucha por la superación de la explotación y la desigualdad, por el Socialismo en Venezuela y la Paz de los pueblos como lo fue Olga Luzardo Finol y, la segunda, la refrendación este lunes 26 en Cartagena de los Acuerdos alcanzados en La Habana, Cuba, luego de largas y complejas negociaciones entre la guerrilla de las Farc-EP y el Gobierno de Colombia.

Olga Luzardo una heroína del Socialismo

Una de las más trascendentes luchas obreras en la Venezuela del siglo XX fue, sin dudas, la de los trabajadores petroleros del 36 que se enfrentaron a las condiciones de trabajo impuestas por las empresas imperialistas. Ahí, sin ser obrera petrolera, estuvo en la organización y apoyo activo una joven mujer, quien a sus 18 años tenía cosa de un lustro de transitar por las ideas revolucionarias: Olga Luzardo. Si, coinciden las reseñas biográficas que conocemos en que Olga conoció del pensamiento socialista a la temprana edad de 13 años, de la mano del maestro Jesús Enrique Losada, profesor de la Escuela de Varones; ya en el nexo con dicha escuela se expresaba la rebeldía que la acompañaría durante toda su vida de militante revolucionaria. Para la época, la discriminación de género era tal que, en nuestro país, existían colegios para mujeres y colegios para varones.

Fueron los inicios de una vida paradigmática que no conoció dobleces en 98 años de existencia (29 de febrero de 1918/19 de septiembre de 2016) de una especial significación para los militantes comunistas, pero que debe ser asumida como emblema para todas y todos los socialistas y, de forma particular, para quienes nos empeñamos en la superación de la sociedad patriarcal. En momentos tan difíciles para la lucha política como, por ejemplo, el período de la dictadura perezjimenista, la lucha de las mujeres se mimetizó en organismos amplios como lo fue la Unión de Muchachas de Venezuela, para impulsar desde allí tareas democráticas y, por todas esas construcciones, estuvo la acción muchas veces silenciosa de la heroína. Por requerimientos de la clandestinidad, ella, mujer, tuvo muchas veces que firmar documentos políticos como Jorge. Historia distinta la que hemos vivido las mujeres a quienes nos ha tocado luchar ahora.

Olga fue también la primera mujer zuliana en graduarse de economista en la UCV (1942); ejerció el periodismo en prensa regional y nacional, participando del equipo fundador de Tribuna Popular. Su obra escrita queda para la posteridad destacando su trabajo poético: Flor de cactus (1942) y Huellas Frescas (1993); su vida política queda retratada en: 87 años al servicio exclusivo de nuestro glorioso Partido Comunista de Venezuela.

Rendir homenaje  a quienes han luchado toda una vida, siendo ejemplo de ética y perseverancia, es un acto de justicia histórica. ¡Honor a Olga Luzardo!

Acuerdo de Paz en Colombia: ruptura histórica añorada

Esta semana se inmortalizará en el recuerdo de nuestro hermano pueblo de Colombia, y marcará para todo el continente el inicio de una nueva situación política, de un cambio en la correlación de fuerzas, que parte de un anhelo fundamental: América Latina un territorio de Paz.

Sin ninguna duda, este es un hecho que respaldamos, desde nuestro corazón y con plena conciencia. El Acuerdo de Paz lleva en su espíritu el reconocimiento de derechos y garantías sociales que la oligarquía colombiana y el imperialismo yanqui negaron a sangre y fuego, desde que asesinaron a nuestro Sucre en Berruecos, por orden del santanderismo, enemigo de la doctrina bolivariana, cómplice desde entonces del gobierno estadounidense.

En Colombia, una simple reclamación de tierras por un puñado de campesinos generó una guerra que lleva más de medio siglo. Ahora, el Gobierno de Juan Manuel Santos se ha comprometido con un proceso de reformas que permitan la participación política de la izquierda y cualquier partido de oposición,  sin que medie la represión, ni la guerra sucia. Además, que redistribuya tierras, genere financiamientos al campesinado; reconozca los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes; así como reivindicar a las víctimas del conflicto armado y garantizar que no se repita la tragedia que dejó miles de muertos, desaparecidos, lisiados, y millones de desplazados. Nuestro Comandante Chávez se prefigura en esta fiesta por la Paz de Colombia. Las partes en conflicto han rendido homenaje a su memoria porque su empeño, contra el viento y marea que desataron los señores de la guerra transnacional, fue clave para alcanzar este acuerdo.

Desde estas páginas,  sumamos voluntades y comprometemos esfuerzos para que el espíritu del Acuerdo de Paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc-EP) y el Gobierno de Juan Manuel Santos germine, y permita la coseche cambios profundos que beneficien al pueblo y sumen en la unidad continental por la Independencia, Soberanía, Justicia Social y Paz, sueño de nuestros libertadores y libertadoras, que merece hacerse realidad. ¡Bienvenida la Paz en Colombia!