Alí: Raíz, Savia y Fruto de la Revolución Bolivariana

cintillo-en-linea-con-stella-listoStella Lugo

Hace 32 años, recibimos la infausta noticia del trágico fallecimiento de nuestro cantor Alí Primera. La Patria se llenaba de Dolor Mayor al ver que uno de sus hijos ya no estaría físicamente andando por sus caminos, levantando la esperanza y aupando la lucha a través de su canción. Canción que como él mismo dijo, ni era neutral ni la hizo por encargo y mucho menos adrede. Aquel 16 de Febrero de 1985, será recordado como uno de los acontecimientos más tristes  de la década de los 80.

Quienes presenciamos la debacle y desmoronamiento de IV República en manos de la democracia burguesa representativa, sentíamos que Alí en su ausencia estaba más presente que nunca, aunque los gobernantes de turno, aliados a grupos económico que dominaban los medios de comunicación, al igual como le hicieron en vida, trataron de silenciarlo, sepultarlo, llegando incluso a pretender lincharlo moralmente, vetando al máximo cualquier acercamiento que estimulara a la protesta con su canto.

Al triunfar Hugo Chávez Frías, algo impensable sucedió. Por primera vez en Miraflores se escuchaba como ambientación la canción de Alí, previo al discurso del Presidente electo. Fue entonces cuando la profecía se cumplió en su palabra: “A mí nadie me quita el pálpito de que algún día el pueblo será gobierno”.

La Revolución Bolivariana asumió a Alí como su ícono, como su inspiración y faro de luz que hoy nos guía, tal valoración no solo dignificó al Cantor de la Patria Buena sino que lo terminó de consolidar como el hombre que en su paisaje se convirtió en Raíz, Savia y Fruto de esta Revolución. Así lo decretó la Asamblea Nacional hace 2 años en lo que fue su casa materna, la Casa Museo Alí Primera, donde cada año partimos en la marcha de los Claveles Rojos, tal como lo haremos este domingo 19 de Febrero.

Pero algo interesante debemos destacar de las canciones de Alí que fueron su herramienta para difundir un proyecto de país. La canción que dejó Alí en los corazones son en esencia enseñanzas para construir esa Venezuela que soñamos, como él mismo lo dice en su canto: “que amorosos son los hilos con que se tejen nuestros sueños”.

No hay venezolano que no sepa aunque sea un fragmento o frase de alguna canción de Alí. Tales versos pueden contener la más indoblegable rabia pero a su vez la más infinita ternura, todos con una sabiduría impregnada de esperanza. No pocos fueron los auditorios y escenarios de Venezuela y el mundo, que alguna vez tuvieron la oportunidad de tener aquella voz grave de su canto, y en esos escenarios encontró eco y resonancia en el mejor aplauso que pudo haberle dado su pueblo: la inmortalidad. He aquí que sin proponérselo, afirmaría lo que es una sentencia: Mi Pueblo me hace Cantar. Y así es, un cantar que es y será a perpetuidad, pueblo, el dueño absoluto de sus canciones porque esas canciones son legado de su trabajo.

Cada contraportada de sus discos era un discurso manifiesto. Eran el mejor comunicado para con el lector, donde las orientaciones políticas de su pensamiento eran transmitidos de forma poética. Por ejemplo, en ese documento llamado No Solo de Vida Vive El Hombre, Alí expresaba su valentía forjada en el principio y mística revolucionaria al decir: No bastan allanamientos, disparos a  los vidrios del carro, persecuciones en las carreteras, etc., para silenciarme. Mi arma es la canción que elevo con profundo amor por el ser humano y por mi pueblo, mi arma es la esperanza, mi arma es mi deseo de ser útil siempre a mi país. Dejar de hacer lo que hago es como dejarme morir de una muerte distinta (de miedo). No tengo vocación de héroe, pero como tampoco tengo vocación de desertor, prefiero arriesgarme a usar mis “armas” así tenga que enfrentarme con las de ustedes.

Son 32 años donde el pueblo con respeto y admiración sigue recordando al Cantor del Pueblo. Hoy más que nunca Alí seguiría luchando y cantando por el ser humano. Cuando tomamos el rojo clavel en la mano y lo llevamos en alto, no hacemos más que reafirmar nuestra palabra y compromiso con quien pidió que le lleváramos flores rojas y puño en alto, prometiéndole “seguir luchando por la Alborada, que también es Camarada”.

¡Viva La Canción Necesaria, Viva el panita Alí Primera!