La cosmovisión  de Hugo Chávez

cintillo-en-linea-con-stella-listo“Cuando la muerte es un eslabón para la historia,

es porque el hombre se ha transformado en inmortal”

José Martí

Stella Lugo

“Yo no tenía idea de lo que el destino me iba a dispensar, de conocerlo, de entrevistarlo varias veces, de aconsejarlo… Pero muchas cosas me enseñó”. Esta frase sería, casi, un lugar común en todas las personas que conocimos a Hugo Chávez y de un obvio razonable. Pero, si la dice Pepe Mujica, el viejo sabio expresidente de Uruguay, adquiere un impacto fulminante, porque de una forma clara y sencilla, el Pepe deja claro que Chávez traspasó la lógica terrenal del liderazgo social y político, y se convirtió, coincido con él, en un “huracán viviente que sigue presente en el corazón de millones de personas en el mundo”.

El investigador argentino Miguel Ángel Barrios asegura que Chávez fue un visionario que se adelantó a su tiempo y lo califica como “hijo político de Simón Bolívar”. Tal expresión delata, igualmente, la percepción gigantesca que va adquiriendo ese hombre recio y, al mismo tiempo, tierno y amoroso, que sabía combinar la jerga popular con agudas disertaciones históricas y teórico prácticas.

Un ser humano excepcional que enseñaba y aprendía a la vez; que se anidó en el alma y corazones de millones de personas y logró convertir la simpatía y el amor, que nos invitaba a profesarle, en convicción firme, para ser leales a su ideario, a su doctrina en construcción.

Chávez eludió convertirse en un líder de masas vacías y logró ser un padre, ese que ama y reprende, ese que tolera y corrige, ese que comprende e instruye, ese que comparte su ser con sus querencias, que en su caso era la humanidad toda.

Revisando bibliografías y blogs para escribir estas notas, me encontré con un interesante trabajo de una socióloga cubana llamada Gladys Elena Fundora, quien hace un análisis sobre Hugo Chávez, desde la perspectiva socio transformadora de su pensamiento. Y, arranca sus reflexiones de la siguiente manera:

“Pongámonos a pensar si nosotros, como sujetos históricos, tuviéramos el reto de transformar una sociedad víctima de años de dominación económica, política, cultural, por el capitalismo salvaje; que ha dejado como saldo histórico una sociedad desmemoriada, despolitizada, con poco sentido del momento histórico; fraccionada, atomizada, desagregada; altamente condicionada por los medios de comunicación y fácil de manipular; con vacíos educacionales acumulados; con notables brechas de equidad de género, étnico-raciales, territoriales, de estratos sociales, con una notable exclusión social; a la que le han arrebatado la dignidad; con una tendencia cultural pro-norteamericana; con una cultura de desorganización social, poca sistematización, improvisación y sedentarismo; con hiperconsumismo; con concepciones de pseudolibertad; una sociedad con una cultura instalada del miedo y la inseguridad; con una trasmisión intergeneracional de valores contrarios a la Revolución como la corrupción, el individualismo, la realización material por encima de la espiritual, el clientelismo político, la deslealtad, la traición; y con una desconexión del plano internacional. Si tuviéramos el reto de convertir esta sociedad en una revolución, pero no una cualquiera, sino en una Revolución Bolivariana, ¿qué haríamos…?   

Chávez encarna ese sujeto histórico que se hizo todas las preguntas y comenzó a construir respuestas en el tiempo, no sólo como líder, sino como movimiento, como pueblo, como proceso. Por eso, incesantemente nos decía “lo importante no es un hombre, es que la idea revolucionaria prenda en el pueblo, en los jóvenes, en los hombres, en las mujeres, en todo el colectivo. Un hombre no es indispensable”.

Nuestro Comandante se entendió a sí mismo como un medio para lograr el inicio de la redención popular,  en principio de las venezolanas y venezolanos, pero que en poco tiempo se convirtió en faro de luz para guiar a otros pueblos por el mismo sendero; sendero que tenía como claro horizonte: el Socialismo con color Nuestro Americano.

Indica, además, Gladys Fundora que “Chávez construye una imagen de político que rompe patrones tradicionales que crean distanciamiento y diferencias de poder respecto a otros actores sociales. La distancia en la comunicación, el sentido de superioridad, la hipercorrección y la deshumanización son cambiados por una figura pública alegre, humana, con virtudes y defectos, responsable de éxitos y fracasos; que conversa, abraza, llora, escucha, regaña y ríe con presidentes, ministros, pueblo. Ello marca una ruptura en los patrones de relaciones políticas, comunicacionales y de trabajo, que es reconocido y admirado por la juventud del siglo XXI”. 

Esto le permitió a Chávez visibilizarse y lograr que el pueblo se visibilizara en él. Por eso, aseguraba que “El poder para nosotros es sólo un instrumento para hacer justicia y, además, un instrumento para redistribuirlo y cada día transferirle mayores cuotas de poder político, económico, al pueblo, a la mayoría, a la nación”.

“Esta visibilización y activación del sujeto pueblo en el imaginario popular, crea condiciones psico-sociales para promover una participación protagónica en la vida cotidiana, en la gestión y transformación de su realidad, tanto en las estructuras del viejo Estado burgués, como en el que se pretende construir. En función de este objetivo, se impulsan procesos que sientan las bases para la participación masiva como el diseño, discusión y aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, las Leyes del Poder Popular, la creación de las bases del Estado Comunal (consejos comunales y comunas), el impulso de proyectos socio-productivos (cooperativos y de propiedad comunitaria), los proyectos de transformación Integral del hábitat, la creación de la Escuela para el Fortalecimiento del Poder Popular y los Núcleos de Formación del Poder Popular, entre otros”.

Para lograr el objetivo integrador de la Revolución Bolivariana, Chávez activó un poderoso mecanismo de creación de nuestro propio imaginario colectivo que nos dotara de identidad; yendo más lejos del patriotismo o el nacionalismo. El rescate de nuestros símbolos patrios, de nuestra música e identidad cultural, su asociación directa con las diversas corrientes folklóricas y la reivindicación de nuestro gentilicio; la activación de lo que llamamos el afirmativo venezolano, atreviéndonos a creer, por primera vez, en la historia que “sí podemos”.

Para poder transferir el poder al pueblo, primero debía Chávez transformar a  quienes los regímenes anteriores nos consideraban  simples habitantes, en sujetos con identidad reconocida, historia reivindicada y perspectiva de futuro; en 1998 éramos seres vivientes en una maravillosa tierra y él nos impulsó como pueblo en proceso de liberación.

El desarrollo del pensamiento político y filosófico de Hugo Chávez introdujo elementos claves que aún debemos trabajar y desarrollar. La tarea fundamental, en estos tiempos, es evitar a toda costa seguir perdiendo terreno en los espacios que ya habíamos ganado; en el marco de la confrontación histórica que vivimos,  avanzar en aquellas áreas donde ha sido más lento el asunto.

Pero, además, se debe insistir en repoblar de ideas y esperanzas la lucha política; abandonando el burocratismo y el discurso repetitivo, que ya no es escuchado por nuestro pueblo. Reinventarnos en el método es una obligación chavista, hoy por hoy. Porque si algo nos enseñó el Gigante fue a no estancarnos y evitar a toda costa que la cotidianidad nos aparte el camino transformador que debe tener toda revolución.

Ese es el compromiso ante la cosmovisión que adquiere Chávez aceleradamente. Ese Chávez al que el Comandante Fidel Castro le dedicó frases como esta: “Nos cabe el honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo”.

Hoy, Chávez hace al chavismo una corriente de pensamiento universal, un fenómeno antropológico que evade toda campaña fraguada desde los factores, cada vez menos hegemónicos, del pensamiento global.

Para mí, en lo particular, siempre me faltarán palabras, siempre me faltarán horas, siempre me faltará espacio para expresar mi gratitud eterna a Dios y a la vida por compartir un pedacito de historia con un hombre de la talla de Hugo Rafael Chávez Frías, quien a cuatro años de su partida física me sigue doliendo como si apenas hubieran pasado cuatro minutos de su despedida final.

¡Chávez Vive, la Patria Sigue!