Ecuador y Venezuela siguen triunfando contra la intención recolonizadora del imperio

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Stella Lugo

¿Podrá la envolvente ofensiva contrarrevolucionaria desplegada por las fuerzas imperiales torcer el rumbo de nuestros procesos e imponer sus designios sobre nuestros países sin sobresalto alguno? Veamos la respuesta a esta interrogante analizando los últimos acontecimientos de dos países de nuestra América, de episodios decisivos recién vividos: -el intento desarrollado por la derecha continental a fin  de que la OEA terminase aprobando la aplicación de la Carta Democrática contra la Patria de Bolívar, parte de los esfuerzos reiterados por desestabilizar nuestro país; la profundización posterior de la feroz campaña mediática presentándonos como una atroz dictadura, particularmente a raíz de la resolución del Tribunal Supremo de Justicia y las diferentes interpretaciones derivadas de la misma,  y la creencia de suposición de que podían desalojar del Gobierno de Ecuador a la fuerza que lideriza la Revolución Ciudadana. En efecto, Venezuela y Ecuador fueron epicentro; el futuro de la política de este lado del mundo pasó, en la semana que acaba de finalizar, por los resultados de los momentos políticos enfrentados por ambos pueblos.

Un recuento sucinto de lo acontecido en la OEA da fe no sólo de la justeza de los planteamientos tan magistralmente manejados por nuestra Cancillería, sino también de la presencia y fortaleza del proceso bolivariano de importante campo de alianzas internacionales; lo que nos permitió, finalmente, salir airosos. Pero, nuestros adversarios insisten en desestabilizar al país, internacionalmente desplegados intentaron sacar partido de las opiniones divergentes respecto a la interpretación de un pronunciamiento -por demás necesario, de la máxima autoridad del Poder Judicial para tratar de echar sombras sobre la democracia venezolana, pero al final, con la oportuna convocatoria de parte del presidente Nicolás Maduro de un órgano constitucionalmente establecido, como es el Consejo de Defensa, que quedó fehacientemente demostrado ante los ojos del mundo que en nuestro país existe un vigoroso proceso democrático donde cada instancia de poder tiene facultades establecidas en la Constitución y ellas son respetadas plenamente.

Las elecciones ecuatorianas, en segunda vuelta, marcarían lo que algunos han denominado el fin del ciclo izquierdista y, en realidad, sus resultados van a incidir en la evolución de la política continental. Con satisfacción recibimos un resultado electoral que dice a las claras las raíces echadas por los procesos de cambio que inauguraron el siglo XXI de nuestra América, de sus fortalezas, de que la conciencia de nuestros pueblos ya no dependen de un liderazgo individual. Otro Lenin, por ironías de la historia, ha llegado al poder, éste electoralmente, un siglo después de la Revolución Rusa. Y el proyecto neoliberal, encarnado en Ecuador, directamente por un banquero ha sufrido un serio revés.

En ambos casos, guiados por su prepotencia, sobrestimaron sus fuerzas y confundieron sus deseos con la realidad de los proyectos en curso y de las correlaciones políticas; a pesar de que han demostrado una gran capacidad para conjugar sus esfuerzos, para actuar como una derecha transnacional, de combinar sus acciones. Para bien, estos dos momentos de tensión han sido resueltos satisfactoriamente en dirección al horizonte estratégico de los pueblos.

¡Seguiremos Venciendo!