A propósito del 5 Julio de 1811

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Stella Lugo

El primer proceso Constituyente operado en nuestro país fue escenario de un excepcional debate que partió aguas, no sólo con representantes del orden colonial,  sino  también abrió  la polémica entre quienes cansados del monopolio comercial de la Compañía Guipuzcoana, de la excesiva carga impositiva, en favor de la metrópoli (España) y, en general, de los mecanismos de opresión que suponía el colonialismo; aspiraban a declarar tan solo la autonomía, y quienes, con una visión de mayor alcance, se proponían la Independencia absoluta.

No fue entonces el 5 de Julio de 1811 sino el momento de cierre de la lucha de ideas que transversalizó la batalla política del Congreso donde nace la República. Había quedado ampliamente favorecida la propuesta enarbolada por Sebastián Francisco de Miranda y otros constituyentistas radicales, quienes consideraban dadas las condiciones para una ruptura definitiva de la relación colonial. La Constituyente recogía, además, el sentir de la vanguardia política de la época: la Sociedad Patriótica, donde el joven Simón Bolívar, José Félix Ribas y otros expresaban el cansancio respecto a 300 años de opresión colonial. Venezuela se daba una Constitución fruto del más claro y apasionado debate político.

Fue la pluma y no la guarimba el arma esgrimida por Juan Germán Roscio para plasmar en la Carta Magna de 1811 el pensamiento que irrumpió hegemónico, en el primer ciclo de la vida de la Patria.  Prócer civil que supo recoger en el documento -hoja de ruta de la naciente Venezuela- las más granadas ideas de su época: la Independencia como reclamo legítimo en el contexto de la crisis del mundo colonial.

En verdad, la violencia presente en el recorrido histórico de nuestra nación conlleva a un escasísimo conocimiento sobre el ejercicio político,  en los días cuando sesionó el Primer Congreso de la República, y mucho menos acerca del papel desempeñado por el redactor de la Constitución de 1811. Pronto hubo de refrendarse la Independencia con las armas en la mano y nuestro pueblo tuvo que derrochar heroísmo en esa nueva etapa, de todas y todos conocida como: Guerra Nacional de Independencia, hecho que condiciona esa especie de olvido frente a los hombres y mujeres que, desde el campo de las ideas, también, son padres y madres fundantes de la Patria: Juan Germán Roscio, uno de ellos.

Retomar el espíritu Constituyente del 5 de Julio de 1811 es el más virtuoso camino que la sociedad venezolana ha de emprender doscientos seis años después, cuando la Patria vive uno de sus momentos más aciagos,  acosada por la barbarie opositora. Rescatar la firmeza de la Sociedad Patriótica de Bolívar; emular la capacidad disuasiva de Miranda durante el debate parlamentario Constituyente, que dio como resultado el Acta primogénita; agotar todos los esfuerzos para dirimir las diferencias en terreno del debate político; ir sin vacilaciones a la Constituyente, son condiciones sine qua non para rendir honores a la gesta de 1811, persuadidos con Chávez de que: “La Independencia es el bien más preciado”.

¡Como en 1811: La Constituyente Si Va!