Una semana para la historia

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Stella Lugo

Los hechos siempre serán la clave para otorgar razones, hacer juicios y definir criterios. Y, en nuestra amada Venezuela Bolivariana, la semana nació con dos acontecimientos típicos del carácter democrático que tiene la Revolución Bolivariana.

En primer lugar: inició el período de Campaña por la elección y constitución de la Asamblea Nacional Constituyente. Nada más expresivo de la valoración que tenemos sobre la participación popular y colectiva en el diseño y determinación del camino a seguir como nación.

La convocatoria al Poder Originario siempre ha sido una aspiración de los pueblos, de quienes tienen espíritu de Patria y lucha. Sólo basta revisar los procesos constituyentes sucedidos históricamente para saber cuánta oposición han tenido por parte de quienes, egoístamente, se han apropiado de las naciones y Estados para beneficiarse como clases, grupos, familias e individuos.

Por eso, la IV República le tenía prohibido al pueblo ese derecho. Esos que gobernaron este país por más de cuarenta años nunca establecieron en la Constitución la existencia del Poder Originario. Para ellos, sólo existía su Poder Constituido, cómodo para sus intereses y para la complacencia de la potencia imperial del norte, a quien le servían de rodillas las riquezas y bellezas de esta Patria.

Y siguen en las mismas: ahí están declarando la guerra al Poder Originario, lanzando amenazas contra el proceso electoral Constituyente, cosa que detestan porque para ellos sólo bastan ellos; su concepto de “democracia” es un golpe de Estado, “un carmonazo”, una conjura dentro de un recinto donde, sin que medie sufragio, ni voluntad popular alguna, ellos se asuman poder y se autoproclamen gobierno.

Por eso, lo he dicho antes en esta columna, aunque la oposición tuvo en sus manos la posibilidad de convocar a una Constituyente, y aunque alardeaban diciendo ante medios trasnacionales que esa era una de las opciones que tenían para tumbar al Presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros, nunca lo hicieron. Simplemente: Constituyente y oposición son como agua y aceite: no se pueden mezclar. Sus esencias son contrarias. Constituyente es pueblo, la oposición es élite.

Por eso mismo, cada día que pasa, señoras y señores cuarto republicanos, opositores, Mesa de Unidad Democrática (MUD) o como decidan llamarse cuando intenten volver a engañar al mundo, presentándose como demócratas; estamos más convencidos que nunca de que: “¡La Constituyente, Sí Va!”.

Y, es así, no sólo porque es un derecho que tenemos todas y todos los venezolanos, y porque la convocatoria está totalmente acorde con los preceptos constitucionales; sino porque hay un pueblo en la calle, lleno de alborozo, hermosos pensamientos y grandes ilusiones, asumiendo su rol y convencido de su misión: garantizar la Paz, aportando ideas para superar las dificultades que enfrentamos por haber decidido ser libres, soberanos e independientes.

En segundo lugar: la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que concedió el beneficio de casa por cárcel al dirigente de la MUD, Leopoldo López, demuestra cómo es que en la Venezuela Bolivariana se respetan los Derechos Humanos de quienes adversan al Gobierno.

Pero, no sólo eso, el que hoy Leopoldo López pueda estar en su hogar, acompañado de su familia, tumba por su propio peso la falacia de que en Venezuela “se rompió el hilo constitucional”, que no funcionan los poderes y que el presidente Nicolás Maduro Moros es un “dictador”.

¿Será que la oposición podrá explicar cómo es que, estando roto el hilo constitucional, como afirman ellos, el Poder Judicial puede otorgar y hacer cumplir el beneficio de casa por cárcel para un dirigente opositor?

Una rápida mirada a los medios y nos percataremos de cómo han obviado los periodistas de transnacionales al servicio del imperio relacionar esa falacia de la “dictadura y el hilo constitucional roto” con el caso Leopoldo López y su beneficio de casa por cárcel. Ni mencionan el asunto. Así operan ellos: lo que no les conviene, lo silencian.

A propósito, indigna oír las declaraciones ofrecidas por el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, sobre la sentencia del TSJ que otorgó el beneficio a Leopoldo López, donde, repitiendo las mentiras de la oposición, clama porque “se liberen todos los presos políticos que hay en Venezuela”.

¡Qué descaro tan grande! Además del intervencionismo abierto contra Venezuela, debería avergonzarse de tocar un tema como ese, cuando en Colombia, en este momento, hay 1.346 presos políticos, incluyendo a madres lactantes, en huelga de hambre desde hace más de quince días, como protesta contra el Estado por no concederles la libertad que les otorgó la Ley de Amnistía, firmada el 30 de diciembre del año pasado por el mismo Santos, como resultado del Acuerdo de Paz entre el movimiento insurgente Farc-EP y el Gobierno colombiano.

Pues, allá, señor Santos si hay presos políticos, en Venezuela no. Leopoldo López no fue sentenciado por pensar diferente, sino por haber instigado a la violencia, generando pérdida de vidas humanas y daños materiales a la sociedad venezolana. Sin embargo, ahí está el Estado de Derecho, concediéndole los beneficios que la Constitución Bolivariana y las leyes de la República establecen.

Para finalizar, quiero felicitar a nuestro pueblo bolivariano por su actitud patriota y pacifista; porque en medio de toda la ofensiva violenta que la oposición ha generado, de las pérdidas en vidas y daños materiales, del daño psicológico que acompaña a quienes se han visto afectados con sus actos terroristas; siguen en pie, alimentando sus ilusiones.

Por más que la perversa mediática trasnacional nos refleje a la inversa, tergiversando cada palabra, discurso, acción, medida o, simple intención que tengamos las y los bolivarianos en Venezuela, y frente al mundo; los hechos nos redimen, y esos son los que, en última instancia, pasarán a la historia.

¡Vamos por el camino correcto: sigamos andando!

 ¡La Constituyente Sí es La Solución!