Lecciones políticas de la Jornada Constituyente

Stella Lugo

Como era de esperarse, a la heroica y contundente victoria del pueblo bolivariano el 30 de julio, y frente a las primeras decisiones del Poder Constituyente, han sucedido las más rabiosas respuestas de los adversarios de nuestro proceso.

Es parte de la lógica de quienes no aceptan el avance de los pueblos por un camino distinto a su modelo de dominación, como bien lo señala Álvaro García Linera, en su análisis: ¿Fin del ciclo progresista o procesos por oleadas revolucionarias?, donde expresa que  “…las fuerzas de derecha y las potencias imperiales han hecho, hacen y continuarán haciendo todo lo posible, a través de todos los medios legales e ilegales, por detener cualquier proceso emancipatorio de los pueblos…”
Entre esos haceres por detener nuestro proceso emancipador, figuran:
1.- En coro, una serie de desacreditados gobernantes de la derecha internacional (Trump, Macri, Temer, Santos) salieron a desconocer la Asamblea Nacional Constituyente, como si tuviesen alguna potestad para eso.

2.- Los Cancilleres de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay decidieron “suspender a la República Bolivariana de Venezuela en todos los derechos y obligaciones inherentes a su condición de Estado Parte del Mercosur”, afirmando, sin argumento alguno, que ha ocurrido una “ruptura de institucionalidad democrática en Venezuela”. Claro, es importante destacar que la referida “suspensión” fue aprobada con la honrosa oposición del Canciller del Estado Plurinacional de Bolivia.
En contraste, con la actitud de gobernantes -cuya popularidad, de acuerdo a mediciones recientes, se encuentra por el suelo- para nuestra satisfacción, se registran apoyos desde los pueblos; como distintos actos en Buenos Aires o el numeroso grupo de gente que se congregó frente a nuestra Embajada en Madrid a “vitorear” el nuevo triunfo de la Revolución Bolivariana, por citar dos ejemplos.

Asimismo, ha sido rechazada la felonía de los injerencistas en importantes instancias internacionales, tal como aconteció en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con Sede en Ginebra, donde 57 Estados firmaron una Declaración Conjunta de ocho puntos, ofreciendo apoyo al Gobierno Bolivariano y rechazando cualquier tipo de intervención extranjera en Venezuela.

A lo interno del país, las y los opositores de base no superan su desconcierto y frustración: sus dirigentes, por enésima vez, le habían ofrecido salir de Maduro, impedir la Constituyente y liquidar al chavismo; pero, la realidad los contradijo, una vez más, cuando más de ocho millones de compatriotas validaron la soberanía popular.

Pese a ello, la dirección del archipiélago opositor, o por lo menos parte de ella, no cesa en su tozudez y desata su odio contra el pueblo, profundizando en el boicot financiero, con acciones como disparar el “dólar guarimbero” y su réplica inmediata en la brutal subida de cuanta mercadería pasa por el circuito comercial.

Así como su sector más irracional, desconociendo que la extraordinaria votación por la Constituyente, entre otras cosas, expresa el deseo de Paz del pueblo venezolano, recurrió al ataque terrorista en el Fuerte Paramacay.
Es una verdad innegable que los últimos días de guarimba evidenciaban un aislamiento total de quienes impulsaban esas acciones; luego del triunfo Constituyente las urbanizaciones secuestradas por los terroristas respiraron el aire de la paz, anhelado por la nación entera; pero, apareció esta nueva manifestación del terrorismo que, en su desesperación, se torna más violento y profesionalizado.

Sin embargo, este tipo de violencia, también será derrotada; lo indica el desenvolvimiento de la política que asoma lecciones para quienes estén en condiciones de entenderlas, tales como:

– El chavismo es una realidad que no podrá ser ignorada, ni aniquilada.

– La sociedad venezolana es amante de la paz, y el terrorismo recibirá un rechazo contundente de nuestro pueblo.

– La unidad cívico-militar está cada vez más consolidada.

– Mayoritariamente, el pueblo rechaza la injerencia extranjera: fue anticolonialista y es antiimperialista.

Y decimos con Ali Primera: “…El yankee teme a la revolucion, el yankee teme al grito ¡Yakee Go Home! yankee go home… Levanta en tus manos la bandera de la revolución América Latina obrera y grita con fuerza yankee go home, yankee go home, yankee go home…”

¡Victoria del Poder Originario es Victoria de Paz!