Catalunya defiende el bien más preciado: La Independencia

Stella Lugo

La Independencia tenida por los pueblos como un derecho fundamental se ubica, hoy, en  el centro del debate político de la Península Ibérica,  es levantada con mucha fuerza por los pueblos de Catalunya, Galiza, Euskal Herria,  Andalucía y amenaza con implosionar al Reino de España, sumido desde hace siglos en un proceso de decadencia histórica, que arrastra en lo político con el pesado fardo del rezago medieval.

Especialmente, catalanas y catalanes se han lanzado a luchar en pos de la conquista de tan preciado objetivo. La sociedad catalana -al igual que otros pueblos no españoles- ha sufrido por siglos la dominación de la monarquía Borbónica que no se ha limitado a la imposición de su sistema político o al control, por parte de sus órganos coercitivos, sino que abarca distintos campos de sojuzgamiento, esencialmente culturales; como, por ejemplo, haberles impedido comunicarse en su propia lengua: el catalán.

Ahora bien, en los últimos tiempos, la identidad del pueblo de Catalunya ha renacido con inusitada fuerza, en medio de una crisis sistémica que complejiza la resolución de los problemas del día a día, y frente a los cuales el gobierno de Mariano Rajoy sólo ha respondido con una mayor centralización de las decisiones, en detrimento de las engañosas promesas autonomistas que, alguna vez, formuló Rodríguez Zapatero.

De tal forma, se fue conformando el cuadro que condujo al referéndum por la Independencia. Pero, para el “demócrata” Rajoy, ése que, a cada momento, nos pretende dar clases de cómo debemos conducir la política en Venezuela, le es imposible la tolerancia; no acepta, como buen siervo de la monarquía, ningún género de consultas; le encoleriza el ejercicio democrático de los pueblos; por eso, respondió con el envío de policías y guardias civiles, por millares, a tratar de impedir lo que era ya una decisión colectiva: votar por la Independencia.

En las redes sociales hemos visto el autoritarismo del Reino de España, la violencia represiva de sus cuerpos policiales. Cifras conservadoras contabilizan 840 heridos, durante un sólo día: el de la elección refrendaria. No se respetaron edades, la brutalidad policial fue la respuesta que, al pueblo catalán, dio el prepotente Presidente de una nación “civilizada”. A la vez, vimos en distintos videos el derroche de valentía de miles de mujeres y hombres que luchan por eso que Hugo Chávez calificó como: el bien más preciado.

De poco servirán los intentos por deslegitimar su decisión democrática, mediante la implantación de montajes mediáticos; como tampoco importará la indiferencia de la llamada “comunidad internacional”, tan presta a intervenir en otros espacios del planeta donde se desarrollan conflictos.

Llama la atención, además, el doble rasero con que actúa, por ejemplo, Estados Unidos, que suministra armas al pueblo kurdo, a fin de separar territorios por ellos reclamados en distintos países del Oriente Medio, para “balcanizar” una región que no ha podido dominar, con todo y la invasión a Iraq, y la implantación de grupos terroristas en la zona.

Sin embargo,  poco o nada dice sobre la aspiración legítima de Independencia del pueblo catalán, ni mucho menos sobre la represión y violencia que ha ejercido el Estado español contra un pueblo inerme.

Sobre todo eso, las transformaciones se siguen escribiendo con lucha. El 1º de octubre de 2017 quedará para la historia como el momento cuando el pueblo catalán, con aplastante mayoría: un 90%, ratificó en referéndum su decisión de ser independiente.

Para este 3 de Octubre, se anuncia la Proclamación de la Independencia Catalana, atendiendo al resultado refrendario del pasado domingo 1º.   No se trata de un simple anuncio, lo  que se espera es una contundente demostración popular que defenderá, en los hechos, la decisión de ser independientes, expresada en las urnas.

Los llamados vienen de múltiples factores políticos y sindicales. También, en muchas partes del mundo se preparan actos de solidaridad con el pueblo de Catalunya, y contra la represión del Estado español.

¡Es la hora de los pueblos, no de las monarquías medievales!