Víctor Clark: la nueva generación de chavistas al mando

Stella Lugo

Los procesos de emancipación  vividos en los países latinoamericanos tienen un rasgo característico que los distingue: han sido protagonizados por jóvenes. Esto debido a que, historiográficamente somos una parte del mundo muy joven. Usaré a continuación algunos ejemplos para ilustrar esta sentencia.

Primero haré referencia a la edad de líderes mundiales cuando alcanzaron el esplendor de su protagonismo y usaré solo los siglos XIX y XX. Lenin, por ejemplo, para 1917 cuando triunfa la Revolución Bolchevique, contaba con 47 años. Mao, para 1949 en el esplendor de la victoria revolucionaria en China, tenía 46 años. Ho Chi Minh, para 1954 cuando derrota a los franceses en la batalla de Dien Bien Phu, cuando derrotó a los franceses y se proclamó Presidente de Vietnam, ya tenía 64 años. Si bien todos estos líderes iniciaron su lucha revolucionaria desde muy jóvenes, su irrupción protagónica en la historia se gestó pasadas sus 4 décadas de nacimiento.

En el caso latinoamericano, insisto, es distinto. Comencemos con nuestra gesta de independencia. Simón Bolívar recibió el título de Libertador en 1813, a la edad de 30 años. Nuestro Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, recibió semejante título a los 29 años de edad en 1824. Fidel Castro entró en la historia con su legendario asalto al Cuartel Moncada en 1953 a la edad de 27 años y el Che Guevara se embarcó en el Granma a los 28 años junto a Fidel en 1956 y ambos asumieron la conducción de la Revolución Cubana junto a Camilo Cienfuegos y Raúl y ninguno de ellos alcanzaba los 35 años de edad.

Hugo Chávez, nuestro Gigante Eterno, irrumpe en la historia a los 38 años de edad el 4 de Febrero de 1992, acompañado de una tropa soñadora cuya edad promedio no alcanzaba tampoco los 30. Como verán, el protagonismo de la juventud ha sido decisivo y como es obvio pensarlo lo seguirá siendo.

Cuando en el año 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales,  muchas y muchos de quienes le acompañamos aparte de muy jóvenes carecíamos de experiencia alguna en la difícil tarea de conducir un país y mucho menos un proceso revolucionario. A todas y todos nos tocó asumir retos mayores a los imaginados. Jesús Montilla, por ejemplo, debió asumir como Constituyente y luego como Gobernador, aun sin proponérselo. Para nadie es un secreto que el candidato natural del chavismo a la Gobernación del estado Falcón en el año 2000 era Yoel Acosta Chirinos y ante la traición de éste, le correspondió a Jesús asumir el liderazgo del chavismo intempestivamente.

Allí nació la primera generación de chavistas al mando de la Revolución en el estado Falcón. Mujeres y hombres nos agrupamos en torno a un liderazgo colectivo que supo construir la unidad revolucionaria en medio de la diversidad. Palmo a palmo se fue construyendo a lo largo de estos años, la plataforma política más poderosa conocida en la historia de nuestra región. De eso han pasado 17 años y parece que fue ayer. Hoy representamos la primera opción de entregar las banderas a una nueva generación de chavistas que irrumpen con la misma ilusión, con los mismos sueños, con las mismas ganas que aquellos que sentimos la convocatoria de Chávez.

Si en el momento de asumir altas responsabilidades en el año 2000, nos hubiesen dicho que éramos una muchachera sin experiencia, seguro nos hubiésemos sentido ofendidos. La juventud no implica inexperiencia y mucho menos impericia para emprender grandes retos. Eso está más que demostrado.

Víctor Clark representa un salto generacional no solo para el chavismo, sino para toda la clase política del estado Falcón. Mientras la derecha refrita dirigentes del pasado, el chavismo le da toda la confianza a su juventud talentosa, profesional y preparada para grandes cosas. Esto no solo en Falcón sino en Miranda con Héctor Rodríguez, Margaud Godoy en Cojedes o Mérida con Jehyson Guzmán, solo por citar algunos ejemplos.

Hace apenas semanas, vimos como viejos dirigentes como Ramos Allup y Julio Borges, enviaron al patíbulo de la historia a jóvenes de la derecha como Miguel Pizarro, Juan Requesens y el mismo Freddy Guevara, al ponerlos como cara visible del terrorismo fascista que nos azotó. Hoy, no pasan de ser un bagazo político. AD y PJ lograron escabullir su responsabilidad en las guarimbas y el pueblo identifica a la juventud de la MUD como los culpables de lo sucedido.

Por eso la importancia que tiene para el estado Falcón y Venezuela elegir a Víctor Clark como Gobernador. Al país le urge un reimpulso político, un viento fresco. Hace falta que una nueva generación asuma las riendas y en el caso nuestro la tan ansiada por Chávez, Revolución dentro de la Revolución. Víctor, con el pasar de los días ha convencido al chavismo que su verdadera y enorme tarea no se suscribe a sustituirme al frente de la Gobernación del estado Falcón. Le toca dar el gran salto que exige nuestra gente y que consiste en dos cosas muy sencillas: preservar las grandes conquistas de la Revolución en estos años y corregir lo que sea necesario para devolver al pueblo lo que ya vivió con Chávez y es saborear la mayor suma de felicidad posible.

Esa sensación de cambio dentro de la Revolución es lo que explica el rio humano que inundó las calles de la Cruz Verde el pasado lunes. Una movilización que sorprendió a propios y extraños, no solo por la cantidad, sino por la motivación del pueblo que se agolpó en apoyo a su próximo Gobernador y a nuestro hermano Diosdado Cabello que vino a cerrar con broche de oro una campaña intensa, difícil y no exenta de dificultades por la guerra no convencional a la que estamos sometidos.

Solo espero el momento para que este primer ciclo virtuoso de la Revolución Bolivariana cierre con un triunfo heroico del Chavismo en el estado Falcón y entregar la banda de Gobernador al mejor representante de una nueva generación de chavistas que será mejor que nosotras y nosotros y prodigará bendiciones al pueblo, derrotando al imperialismo y abriendo nuevamente las alamedas de la paz y la felicidad suprema de nuestro pueblo.

Solo me queda dar gracias a Dios, a la vida, a Chávez y a este pueblo maravilloso por haberme dado la oportunidad de ser su primera Gobernadora. Seguiremos en batalla desde otras trincheras donde lo disponga la Revolución porque aun sin sentirme imprescindible he decido con mi camarada del amor Jesús Montilla seguir la lucha por este pueblo y por la Revolución de Chávez, toda la vida.

¡Con gran satisfacción damos paso a la Generación de Oro!